Sanar es dar espacio a todo lo que eres
Miquel Pocurull · BLOG
A veces creemos que sanar significa dejar atrás el dolor, superar lo que nos duele o recuperar una versión “mejor” de nosotr@s mism@s. Pero la experiencia nos dice otra cosa: a lo largo de las líneas de este artículo descubrirás que sanar no es borrar partes de ti, sino aprender a darles un lugar. Su lugar.
Quizás hoy estés conviviendo con emociones que te cuesta aceptar: vergüenza, rabia, tristeza, miedo… Puede que incluso te juzgues por sentirlas. “No debería estar así”, “tendría que ser más fuerte”… Y sin embargo, cuanto más las rechazamos, más peso tienen sobre nuestra vida.
Sanar, desde una mirada compasiva, humanista y terapéutica, significa abandonar la lucha, dejar de pelear contigo mismo/a. Significa aprender a sostener esas partes de ti que duelen, que asustan o que parecen contradictorias, y hacerlo desde un espacio de respeto y cuidado.
No eres un problema que arreglar
Dentro de cada uno de nosotros conviven muchas “partes”: la que quiere avanzar y la que se siente atrapada, la que sonríe y la que se rompe en silencio. Y todas tienen algo que decir.
Cuando dejamos de juzgarlas como “errores” y aprendemos a escucharlas, descubrimos que incluso las emociones más difíciles tienen una función: protegernos, avisarnos, recordarnos lo que necesitamos.
La psicología humanista y enfoques como el Internal Family Systems (IFS) o la Terapia Focalizada en la Emoción nos muestran que sanar no es eliminar lo que sentimos, sino cambiar la relación que tenemos con ello.
La fuerza de la compasión
Aceptar todas tus partes no es rendirte. Es tener el coraje de estar contigo mismo sin juicio, con paciencia y con humanidad.
Cuando empiezas a mirarte con más compasión, algo cambia: la autocrítica se suaviza, la vergüenza pierde fuerza y la tristeza puede expresarse sin convertirse en aislamiento.
"La curiosa paradoja es que, cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar"
Carl Rogers
El cambio no llega a golpes de fuerza de voluntad. Llega cuando dejas de pelear contigo y empiezas a darte un lugar.
Sanar acompañado
Muchas veces no sabemos por dónde empezar. Nos cuesta habitar nuestro dolor en soledad. Por eso, el acompañamiento terapéutico es un camino tan valioso: porque permite que alguien esté contigo en ese proceso, sin juzgar ni corregir, sosteniendo lo que aparece con respeto y calidez.
No se trata de borrar lo que sientes, sino de crear un espacio donde todo lo que eres —también lo que duele— pueda estar presente sin miedo.
¿Te resuena esto?
Si estás cansado de luchar contra tus emociones, si sientes que partes de ti siguen sin tener un lugar, quiero decirte algo: no tienes que hacerlo solo/a.
Sanar empieza por darte el permiso de ser acompañado. Y ese primer paso puede cambiar la forma en que habitas tu vida.
Miquel Pocurull
Psicólogo sanitario y terapeuta humanista
Te acompaño desde la escucha, la presencia y el cuidado.
Terapia Focalizada en la Emoción · Focusing
📍Presencial (Madrid) y online