“No sé cómo sostener esto”
Cuando lo emocional lo desborda todo
Miquel Pocurull · BLOG
Acompañar el dolor no siempre es resolverlo, sino darle un lugar donde pueda respirarse.
A veces la vida se desordena de golpe. No porque ocurra algo que no podamos entender, sino porque lo que ocurre nos atraviesa sin manual, sin instrucciones, sin defensa.
Este texto nace de esa experiencia: la de no saber cómo sostener lo que duele, y la posibilidad de ser acompañado. Una escena que no ocurrió así, pero que podría haber ocurrido. Una conversación ficticia entre alguien que no puede más y alguien que no intenta arreglarlo.
El diálogo...
—No sé cómo sostener esto, de verdad.
—…
—Me supera. Es como si todo se hubiera caído de golpe.
—¿Todo?
—Sí. Mi madre. El diagnóstico. La idea de que… de que puede morir pronto.
—Te escucho.
—Estoy todo el rato conteniéndome. En el trabajo, con mi pareja, incluso con ella. No quiero que me vea mal. Pero por dentro… estoy roto.
—¿Y aquí?
—Aquí siento que puedo… decirlo.
—Que estás roto.
—Sí.
—Qué importante poder decirlo en voz alta.
—(Silencio) Es que no sé cómo hacerlo bien. No sé si tengo que ser fuerte, si tengo que estar ahí, si tengo que dejar de hacer como si nada…
—¿Te presionas para hacerlo bien?
—Sí. Todo el rato. Y al mismo tiempo siento que no puedo con esto.
—¿Qué es lo que más duele ahora?
—No poder estar con ella. Vivo lejos. Y cuando hablamos por teléfono, no sé si decir lo que siento o protegerla.
—Y eso te deja en medio… sin saber muy bien dónde colocarte.
—Exacto. No quiero cargarla. Pero tampoco quiero alejarme más.
—¿Qué harías si no tuvieras que hacerlo perfecto?
—Le diría que tengo miedo. Que me cuesta. Que la quiero.
—Y te quedarías ahí.
—Sí… solo… estar ahí, aunque sea lejos.
—A veces, ese gesto invisible —estar con lo que sentimos y no alejarnos— es lo más profundo que podemos ofrecer.
—(Lágrimas) Gracias por no decirme que tengo que ser fuerte.
Reflexión
Hay momentos en los que la vida se vuelve insoportable, no porque pase algo concreto, sino porque lo que pasa nos desborda desde dentro.
Cuando alguien querido enferma gravemente, se abre una fisura que duele no solo por lo que ocurre fuera, sino por lo que se desarma dentro de nosotros: las certezas, los roles, la distancia, la impotencia.
A veces lo que más duele no es el miedo a perder, sino la imposibilidad de aliviar. De hacer algo que repare, que acompañe, que calme.
Y sin embargo… incluso ahí, puede haber encuentro.
En terapia —como en la vida— no se trata de resolver el dolor, sino de abrir un lugar donde sentirlo tenga sentido.
Donde la persona pueda llorar sin justificar, hablar sin calcular, mostrarse sin ser corregida.
Donde lo importante no sea ser fuerte, sino ser con lo que hay.
Cuando alguien puede habitar su miedo, su impotencia o su ternura sin ser corregido, algo empieza a respirar.
Quizás eso no cambie el diagnóstico. Pero cambia la soledad desde la que se vive.
A veces no se trata de ser fuerte...
…se trata de poder sentir lo que sentimos, acompañados.
Miquel Pocurull
Psicólogo sanitario y terapeuta humanista
Te acompaño desde la escucha, la presencia y el cuidado.
Terapia Focalizada en la Emoción · Focusing
📍Presencial (Madrid) y online